En clase de Yoga meditamos. También en el trabajo, en el metro o en una sesión de Fisio

Podemos hacerlo en cualquier ocasión, estado de ánimo o lugar. Meditar no implica necesariamente poner incienso con velas y un altar; no es dejar la mente en blanco, tampoco llegar al máximo estado de iluminación. Es muchísimo más sencillo.

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Meditar es, simple y llanamente, estar. Y ¿qué es estar? Estar es observar el momento presente, incluyendo lo que sucede en el exterior, las múltiples sensaciones internas y los pensamientos. Ahora diréis: ‘Vale, eso ya lo hago yo constantemente; todo el día pienso, siento y observo’.

Sí, claro que lo hacemos. Todos lo hacemos. Pero casi siempre hay un juicio de valor acompañando a lo que pensamos, sentimos y observamos. Y con el juicio de valor aparece una historia en nuestra mente, un recuerdo, una planificación, todos ellos con sensaciones asociadas que no distinguimos porque estamos demasiado inmersos en esta vorágine inagotable de pensamientos continuos.

Entonces, ¿qué es estar? ¿Qué es meditar?

Meditar es, como ya he dicho, observar, constatar el presente, sin juzgar lo que este te devuelve. Puede que ya lo haya comentado en alguna otra entrada, pero nunca me cansaré de repetirlo.

No se trata de imaginar una playa paradisíaca de arena tibia y agua cristalina y refrescante. Es probable que el mero hecho de leer estos adjetivos ya os transporte, ni que sea por una milésima de segundo, a un lugar de estas características. Eso está muy bien y resulta muy válido como técnica de relajación, pero si con la mente nos vamos a otro lugar, entonces no estamos meditando. Para meditar hemos de quedarnos aquí y ahora, sea cual sea la situación, y observarla. De hecho, muchas veces me paso toda la meditación etiquetando pensamientos y expulsándolos de mi cabeza, para volver a escuchar el presente. Y no pasa nada, no me lo recrimino, sólo me hago consciente de ello y nunca pienso que esté meditando erróneamente.

Con la práctica, de pronto llega un día en que te encuentras de pie en un autobús parado y atestado de gente, y eres capaz de enfocarte en tu respiración. O viendo pasar los coches en un semáforo. O en la puerta de tu casa, pelándote de frío bajo la lluvia, porque te has olvidado las llaves y esperas a que te vengan a abrir. No es que te quieras quedar allí todo el día, pero mientras estás y no puedes hacer otra cosa, vuelves la atención hacia tu interior, constatas lo que sucede y lo integras como parte del devenir natural de las cosas, como algo que tenía que suceder así y no de otro manera. Dicho de otro modo, fluyes plenamente con el presente y tu estado de ánimo se serena y se calma, aunque sea por un rato corto.

Próximamente subiré una sencilla meditación guiada, para que podáis ir practicando y veáis que todos podemos hacerlo para sentirnos mejor.