Vuelta a la rutina: practica con consciencia para evitar lesiones

Hacer ejercicio es bueno para la salud. Hay infinidad de estudios que lo confirman y muchos de nosotros constatamos diariamente que el ejercicio es positivo porque nos hace sentir mejor.

Por esta razón, practicar ejercicio es uno de los propósitos que nos hacemos con más convencimiento cuando un año comienza. También es de los que se llevan a cabo con más motivación, por lo menos al principio.

Si decidimos dedicar un tiempo semanal a nuestro cuerpo –y de paso, a nuestra mente- nos encontraremos con infinidad de posibilidades:

Ejercicio aeróbico o de esfuerzo explosivo, prácticas más introspectivas como el Yoga o pura creatividad dinámica a través la danza; deporte en grupo o en solitario, etc. Escogeremos no sólo según nuestros gustos, sino en función del tiempo disponible, la ubicación del centro donde vamos a practicar o el ambiente que nos encontremos, entre muchos otros factores.

No se trata de hacer un sacrificio. Vamos a fluir con una actividad que favorecerá nuestra salud integral.578889_10150949644415108_1162774189_n

No obstante, todo tiene matices i límites. Una cosa es disfrutar de una actividad física, pasarlo bien y hasta ponerle pasión. Otra muy distinta es pasarse al otro extremo y marcarse unos objetivos que, sin darnos cuenta, van quebrando la espontaneidad de la práctica, imponiendo tensión y rigidez: mejorar la marca del año anterior, una ‘operación bikini`, una postura de yoga imposible para cualquier mortal, etc. Tratar de fijarse objetivos realistas es positivo para motivarnos, pero no cuando el ejercicio pasa a convertirse en una obligación inquebrantable. Es mejor ser coherentes y tener claro, no sólo que estos objetivos sean asumibles, sino que el esfuerzo que conllevan nos beneficie. Además, se trata de introducir una rutina que podamos y queramos mantener en el tiempo; si practicamos con fervor desenfrenado, es más que probable que, más pronto que tarde, nos cansemos y abandonemos.

Por todo esto, es de vital importancia practicar con consciencia. Esto significa que hemos de volvernos hacia adentro, conectar con nuestras verdaderas necesidades  y hacernos algunas preguntas:

¿Me motiva esta actividad o bien me cuesta horrores ponerme?

¿Me lo paso bien mientras practico o estoy todo el rato pensando en que se termine?

La sensación de después de practicar, ¿ es de alegría, energía positiva y motivación, o por el contrario me quedo derrotada, y hasta siento que me puedo llegar a lesionar?

Por otra parte también puede ocurrir que nos apasione tanto una actividad física que sólo pongamos freno cuando nos lastimamos. En este caso nos tendríamos que preguntar:

¿ Hasta qué punto me realiza?

¿Me siento frustrado si un día no puedo practicar?

¿Es una obligación o practico porque amo mi cuerpo y me siento responsable de él?

Si de forma espontánea e intuitiva nos planteamos estas cuestiones es más que probable que, sin daros cuenta, estemos previniendo lesiones y también nos estemos acercando, una vez más, a nosotros mismos. Me incluyo porque yo misma me encuentro también en este barco.

Dicho esto, practiquemos con consciencia, responsabilidad y alegría para que el fluir de la vida no se detenga.

Y si os asaltan las dudas, o empiezan a aparecer algunas contracturas musculares, siempre podéis llamarme para una sesión de Fisioterapia.

Aún estoy a tiempo de desearos una muy feliz entrada de año, con todos vuestros propósitos en marcha.