Sentimos y somatizamos: una experiencia singular

la foto (12)Unas noches atrás, antes de ponerme a escribir en el blog, mi hijo de veinte meses me hizo levantar de la silla, lo cual es bastante habitual. Esta vez le visitaba la tos. El niño tosía una y otra vez, hasta que se despertaba del todo y rompía a llorar con el consiguiente reclamo de mamá.

Como no soy especialmente partidaria de métodos conductistas, cuando el pequeño llora acudo de inmediato. Bien, casi. La cuestión es que cuando me metí en la cama con él- puesto que ya nos hemos hartado de la cuna- y después de ponérmelo unos segundos al pecho, el crío se durmió y dejó de toser. Y yo respiré aliviada, libre, y libremente volví a mi tarea. Pero para cuando me encontré ya centrada ante la pantalla dispuesta a atacar con furia el teclado… volvió el concierto de tos. Y de llanto y de reclamos. Y vuelta también, con paciencia y amor, al protocolo de siempre.

Tratando de sacar algo positivo de todo este festival e intentando estar a gusto con el presente, percibí que cuando mi hijo lactaba desaparecía el reflejo de la tos. Seguramente este hecho tendrá una explicación fisiológica, y si hay algún/a especialista que esté leyéndome, y que me la pueda exponer, le estaré muy agradecida. Hasta aquí todo normal.

Lo curioso era que mientras permanecía a su lado, mi pequeño dormía plácidamente. Tosía muy de vez en cuando. Era cuando me iba que arrancaba a toser y ya no paraba hasta que yo acudía.

¿Qué sabe un bebé de poco más de año y medio sobre gestión de las emociones? Su cerebro no es lo suficientemente maduro como para procesar lo que siente, para razonar. Él siente y reacciona, sin más. Y su cuerpo, exactamente igual que con los adultos, lo manifiesta; en el caso de mi hijo es a través de la tos. He de apuntar también que no hace ni diez días que va a la guardería, lo cual refuerza aún más la idea de que las personas, grandes o pequeñas, sentimos y que cuando no podemos procesar aquello que sentimos lo manifestamos a través del cuerpo. En otras palabras, somatizamos las emociones.

Esto no sólo le pasa a los niños. Los adultos somatizamos continuamente, en ocasiones tanto que llegamos a enfermar. Y es que volviendo a la tos de mi bebé, muchas enfermedades respiratorias son de origen emocional, así como algunos dolores de espalda, trastornos digestivos, disfunciones sexuales, etc.

Mi reflexión a todo esto, la cual comparto con vosotros, es que si no sabemos lo que nos pasa de entrada basta con constatarlo. A partir de ahí vale la pena observarse en conjunto para ver si damos con alguna causa más, aparte de la meramente física, para hallar un tratamiento bien ajustado y exitoso.

Y mientras buscamos, unas buenas dosis de amor hacen el trabajo infinitamente más llevadero.

Mi pequeño ha dejado de toser. Duerme feliz.