Qué pasa cuando somatizamos en una ausencia de libido

2402088625142452Ya hemos hablado de lo que pasa cuando somatizamos en un dolor de espalda. También sabemos que podemos somatizar cualquier trastorno psíquico, o el dolor emocional de muchas maneras: nos duele la cabeza cuando hemos de enfrentarnos a una situación desagradable, sufrimos de estreñimiento ante jornadas de trabajo y presión interminables o nos mareamos antes de subirnos a un barco o un avión.

Pero ¿qué sucede cuando somatizamos un trastorno de origen psíquico en un Síndrome de Deficiencia Sexual? Parece que estos temas tan íntimos cuestan más de subir al área de la conciencia puesto que no todos vivimos nuestra sexualidad libremente. Tampoco es que uno vaya hablando de su vida sexual en la cola del supermercado.

Pues bien, vamos a ver lo que pasa y por qué, concretamente en uno de ellos.

Un Síndrome de Deficiencia Sexual (SDS) es un conjunto de síntomas que pueden ser o no de naturaleza sexual, y que llevan a una dificultad a la hora de entrar en el juego erótico y de encontrar placer. También puede ser la manifestación de una angustia respecto a la sexualidad, al cuerpo y, en particular, a los órganos sexuales.

Los SDS más comunes en los hombres son la disfunción eréctil y la eyaculación precoz, y en las mujeres la imposibilidad o el dolor a la penetración – se llaman vaginismo y dispareunia, respectivamente -. De todos ellos hablaré más extensamente en próximas entradas.

Pero como ya he dicho más arriba, ahora quisiera centrarme en algo que es común en hombres y mujeres y que está estrechamente relacionado con el concepto de somatización: la disminución o ausencia de libido.

La disminución o ausencia de libido consiste en una pérdida parcial o total del interés en mantener un encuentro sexual. Dicho de otra manera, es la falta de deseo sexual.

Esta falta de deseo puede ser la consecuencia de otras disfunciones sexuales –también el origen- o de una educación restrictiva, o bien del entorno. Pero cuando todo lo mencionado se descarta lo más probable es que se trate de una somatización. En este caso la protagonista por su ausencia es la dopamina, hormona responsable de la expresión del estado emocional, de la motivación y del placer.

Os comenté en otra entrada que en una somatización, el Sistema Límbico, que está en nuestro Sistema Nervioso Central, se encarga de recibir y almacenar la información emocional. Si concretamos más esto lo hace la amígdala, un conjunto de neuronas que van guardando emociones sin descodificar. La amígdala también segrega esta hormona tan necesaria para pasárselo bien, que es la dopamina (esta amígdala no tiene nada que ver con las amígdalas del cuello).

En nuestro día a día vamos viviendo experiencias y emociones continuamente. A veces no se trata de grandes traumas, pero sí de pequeños puntos de estrés repetido: peligra nuestro trabajo o lo perdemos, hemos de hacer malabares con el dinero, nuestros niños no duermen y nosotros tampoco, queremos estar casados y con familia, tenemos familia pero nos morimos por estar libres, deseamos otra situación vital, nuestro yo interior nos bombardea sin clemencia con mensajes desalentadores de auto exigencia, etc. Podría seguir pero me cansa escribir tanto, y prefiero hacerlo sobre cosas positivas.

Toda esta vorágine de experiencias genera emociones negativas que no suponen grandes traumas pero son pequeños puntos de estrés repetido que van llenando la amígdala, sin que esta se pueda llegar a vaciar del todo.

Este hecho da lugar al proceso de somatización, donde disminuye notablemente la secreción de dopamina y consecuentemente perdemos la motivación por algunas cosas de la vida, siendo el sexo una de las primeras de la lista.

He aquí la explicación de la disminución o ausencia de libido por un proceso de somatización.

Puede haber menos libido y seguir manteniendo relaciones sexuales. Dichos encuentros carecerán de fantasía, se mantendrán quizás por hábito, o bien para satisfacer a la pareja, pero no serán satisfactorios. Vaya, que puedes estar en plena faena mientras haces mentalmente la lista de la compra o preparas una reunión: cuerpo presente pero mente ausente. Intuiréis que este panorama no es nada recomendable. Y es más que probable que os haya pasado en algún momento de vuestras vidas. Y que, como habéis visto, tiene una explicación, y es de lo más normal. Porque todo lo que nos afecta a las personas lo es. ¡Y que tiene solución!

Seguid leyendo mis próximas entradas y os las iré contando.

Mientras tanto, a vivir la primavera, a quererse mucho y ¡a seguir fluyendo!