Cuando somatizamos un dolor de cabeza. O cualquier molestia en la espalda

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Lo prometido es deuda. En la última entrada os hablé de las somatizaciones: aquellas alteraciones que se producen en nuestro cuerpo cuando guardamos demasiada información emocional que no hemos asimilado de forma consciente. O lo que es lo mismo, la manifestación orgánica de un trastorno de origen psíquico.

Antes de continuar, si es la primera vez que leéis mi blog podéis ir a la entrada anterior, donde os explico por qué a veces el cuerpo habla en clave de afección orgánica -dolor de espalda, disfunción sexual, problemas gastrointestinales, etc.- cuando no es posible manifestar lo que pasa de verdad.

Os sugerí también la posibilidad de conectar con vuestro interior por si podíais identificar algún escenario, situación, emoción o sentimiento que pudierais estar somatizando.

En mi caso, de vez en cuando sufro de cefaleas, o dolores de cabeza. Pensando y pensando he detectado que estos tienden a aparecer bajo la presión del estrés.

Bien, ahora que ya sé cómo somatizo el estrés puedo tratar de identificar las situaciones que generan esta emoción negativa y trabajar o para cambiarla, o bien para que no se llegue a desencadenar. Y si no es posible ninguna de estas dos cosas, tratar de que me afecte lo menos posible. Por ejemplo, una de estas situaciones se presenta ante la perspectiva de mucho trabajo.

De entrada, desde que hablo de perspectiva me estoy anticipando: probablemente existió una situación concreta en el pasado que me estresó enormemente. Lo que hice entonces fue almacenar la emoción negativa que me generó, de forma que ahora la reproduzco cada vez que se presenta un escenario similar.

Lo cierto es que la realidad casi nunca es aquello que se espera, en este caso para bien.

El trabajo siempre sale adelante y mientras lo hago no me planteo si me saldrá bien o mal, simplemente lo hago. Es más, cuando lo he completado con éxito me siento satisfecha. Actualmente este razonamiento me ayuda; pienso más en la emoción final. ¡Y muchas veces no hay cefalea! No sólo eso sino que fluyo con el momento, lo que me lleva al otro, y al siguiente, viviendo así en un presente constante, sin reproducir ni proyectar.

Así contado parece fácil, pero soy consciente de que cada persona es única, con circunstancias también únicas. Por otra parte, hacerse amiga del aquí y ahora me ha costado muchos encuentros conmigo misma –no siempre agradables-, mucha aceptación – no resignación, no es lo mismo- y mucho trabajo mental y corporal. Y el trabajo sigue, creo que no termina nunca y así espero que sea, pues ahora me gusta el trayecto, con baches y sin ellos.

Habiendo dicho todo esto, también puede pasar que las cefaleas persistan. Y no sólo ha de tratarse de cefaleas, sino de cualquier dolor de espalda. En tal caso, si se han descartado otras causas, podemos asistir a una sesión de Fisioterapia. Aparte de trabajar para disminuir la tensión muscular y realizar las movilizaciones y estiramientos pertinentes con diversas técnicas, un fisioterapeuta puede enseñaros a respirar para conectaros con el aquí y ahora, cultivar la postura, asesoraros en cómo ejercitar vuestro cuerpo de la forma en que mejor vaya para vuestra mente, etc. Las sesiones de Acupuntura también son de enorme ayuda.

Para finalizar, dejadme enfatizar: está muy bien darse un buen masaje con un/a fisio, o ir a que nos pongan unas agujas en una sesión de Acupuntura. Está muy bien que nos hagan cosas. Pero como siempre digo, somos un todo, y a todo estamos conectados. Si fluimos lo hacemos nosotros, no a través ni gracias a nuestros terapeutas. Ellos nos dan herramientas para que podamos encajar en este maravilloso universo del que formamos parte. Pero insisto en que somos nosotros los responsables de utilizar, o no, esas herramientas para poder seguir fluyendo.

En la próxima entrada continuaremos con las somatizaciones, esta vez relacionadas con las disfunciones sexuales.

Seguid conectados a vosotros mismos y, lo dicho: ¡Seguid fluyendo!