Cuando lo que pasa por la cabeza deja su huella en el cuerpo

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Alguna vez os habéis levantado un buen día con dolor cervical, sin que podáis recordar nada que lo haya podido provocar? Este dolor persiste, y la causa no la encontramos por ninguna parte. Pero resulta que nos vamos unos días de vacaciones y… ¡magia! El dolor desaparece.

O bien nos pasa que de repente tosemos y tosemos y volvemos a toser. Este resfriado no parece dispuesto a marcharse. Y en ese concierto de tos nos comunican que vamos a conservar el trabajo por veinte años más, nos suben el sueldo y nos añaden tres pagas dobles. ¿Qué ha pasado con la tos? Por fin nos ha abandonado.

Puede ser un dolor de espalda, una tos seca persistente, o bien un sarpullido en la piel. También puede tratarse de una disfunción sexual. Son maneras muy diversas que tiene el cuerpo de hablar, ya que así manifiesta una angustia que por alguna razón no se puede resolver de forma consciente.

Estamos hablando de somatizaciones. Una somatización se define como un proceso por el que un trastorno de origen psíquico se transforma en orgánico de manera inconsciente e involuntaria. Antiguamente se le daba también el nombre de ‘trastorno por histeria’.

A la definición de somatización no se le puede dar tintes peyorativos. La mayoría de nosotros nos encontramos bajo el influjo constante de emociones de diversos tipos, presiones que provienen de coordenadas múltiples. Con este panorama es muy difícil gestionarnos emocionalmente puesto que nos pasan demasiadas cosas. Además no tenemos demasiada tendencia a escucharnos.

Por otra parte, tampoco podemos llamar somatización a cualquier alteración orgánica sólo porque no la podemos o no sabemos catalogar, o no conocemos su causa: ¿No sabemos el origen de una lumbalgia? Somatización. ¿Hay una disfunción eréctil sin explicación alguna? Somatización. ¿Dolor durante las relaciones sexuales sin ningún motivo? Llamémosle somatización. Como cajón desastre nos va de maravilla.

Pues bien, resulta que una somatización no es ningún cuento que nos sacamos de la manga. Hay una explicación fisiológica, que ahora os la expongo brevemente:

Dentro de nuestro Sistema Nervioso Central se alberga el Sistema Límbico, que se encarga de recibir la información que proviene del exterior: si nos dan un golpe, o nos acarician, o nos empujan o bien nos abrazan. Todo esto desencadena una emoción, y esta emoción se procesa en la corteza cerebral, que es la que dice ´vale, esto es un empujón y no me ha gustado, pero la caricia sí, y el abrazo todavía más; esto es así, y soy consciente de ello’. img-9

El Sistema Límbico sólo recibe y almacena emociones, no las procesa. Está relacionado con los procesos de memoria, atención, instintos sexuales y conducta. Gestiona la respuesta fisiológica ante estímulos emocionales. Por ejemplo, si de repente un perro nos ladra muy fuerte podemos sentir miedo; según su intensidad, esta emoción queda grabada, sin que necesariamente seamos conscientes de ello, de manera que en otra ocasión, sólo de ver aparecer un perro podemos llegar a reproducir esa emoción de miedo, incluso sin que el perro ladre (no es nada personal contra los perros; de hecho, esta palabra se puede interpretar libremente).

Y resulta que este Sistema Límbico tiene un tope, como casi todo en la vida. Llega un momento en que ha de vaciarse, y lo hace a través del sueño. ¡Por eso es tan importante dormir! Como decía más arriba, durante el día nos pasan tantísimas cosas que nuestro pobre Sistema Límbico se satura de información. Si además no descansamos bien, esta saturación empieza a dar consecuencias.

El Sistema Límbico Interacciona con el Sistema Endocrino y el Sistema Nervioso Autónomo. El primero se encarga de liberar hormonas según las necesidades orgánicas, y el segundo hace que aquello que no controlamos conscientemente funcione (hace latir el corazón, regula la motilidad intestinal, mantiene firme la musculatura de la estática, regula la digestión, etc).

Puesto que están tan relacionados, un desajuste en el Sistema Límbico puede desencadenar otro desajuste en los dos últimos. He aquí, a grandes rasgos, la explicación de algunos dolores musculares, problemas digestivos, disfunciones sexuales, y un largo etcétera.

Y una vez sabemos que las somatizaciones existen por una razón, ¿qué podemos hacer para controlarlas, o para que desaparezcan? De entrada, buscar la causa y hacernos conscientes de ella. Con esto, que a veces no es tarea fácil, ya tenemos mucho campo ganado.

El resto os lo contaré en la próxima entrada. Pero como introducción, podemos empezar por una apasionante aventura: mirar hacia adentro y escucharnos.

¿Comenzamos?