No se puede evitar el dolor, pero sí el sufrimiento

frida_kahlo_by_natmir-d5u4j2z[1]Esta frase no me la he inventado yo. Lo dijo Buda hace unos dos mil quinientos años y se me puso nuevamente por delante a raíz de mi última entrada, donde hice un breve comentario sobre lo importante que es afrontar el dolor de espalda con actitud positiva. Aunque a simple vista parece fácil, cada situación es diferente, y las posibilidades de sobrellevar una situación de dolor – sea del tipo que sea- varían de un escenario a otro.

Soy consciente de que, al hablar de un asunto tan controvertido y subjetivo, cualquiera que haya pasado por una situación de dolor podría echarme en cara una supuesta actitud petulante y superficial: ´mira esta, con qué tranquilidad habla de la actitud frente al dolor. Si supiera lo que yo sufro se quedaría calladita` podríais decirme. Creedme si os digo que, si hablo de este tema, es con auténtico conocimiento de causa. Sé lo que es un dolor de cabeza incapacitante, conozco los clavos que atraviesan el cuello en la cervicalgia, y el dolor lumbar que no permite agacharte. El dolor emocional prefiero dejarlo en el ámbito privado, aunque este también tengo el ‘placer’ de conocerlo.

Volviendo al dolor físico, y desde la experiencia personal, he de deciros que a mi siempre me ha ayudado pensar de una forma muy, digamos, yóguica: intento no instalarme en ese dolor, sino que me digo y repito: ´pasará, porque todo pasa`. El ejemplo más gráfico y reciente que me viene a la cabeza es el del parto sin anestesia de mi segundo hijo. Efectivamente  el dolor es insoportable, pero sabes que pasará, y este pensamiento te ayuda a soportarlo – y en este caso incluso a disfrutarlo, pues lo recuerdo como un momento mágico e incomparable-. Un dolor de espalda es distinto, obviamente.

No lo vamos a eliminar en un instante, porque ahí está, pero sí podemos moldear la intensidad del sufrimiento que nos provoca.

Me gustaría mencionar el ejemplo de mi admiradísima artista Frida Kahlo. Ella sufrió un accidente en un autobús que la dejó en silla de ruedas y con unos dolores de espalda insoportables. Dudo mucho que Frida Kahlo hubiera escogido, a priori, esta vida, pero una vez ahí llevó su situación con una creatividad y con –me atrevo a decir- una belleza arrolladoras.

Frida_Kahlo[1]

Frida no escogió una vida con dolor y movilidad limitada, pero una vez ahí decidió sacarle el máximo partido. También podría ser que, al llevar su dolor de una forma tan creativa, se instalara más en él, eso no lo sabemos. Lo que sí es cierto es que daba forma y color a su sufrimiento, lo que confirma la idea de que, hasta cierto punto, nosotros decidimos si queremos sufrir más o no ante una situación de dolor.

Y para tomar la decisión de sufrir menos ante el dolor, una actitud positiva nos llevará a tomar las decisiones que más convienen a nuestro cuerpo y a nuestra mente: haremos ejercicio, intentaremos conocernos más, si nos atrae probaremos con alguna clase de Yoga, aprenderemos a respirar, nos daremos algún masaje terapéutico con nuestro/a fisioterapeuta, visitaremos a un buen acupuntor/a, imaginaremos situaciones donde el dolor no está, etc.

Y sobre todo pensaremos que todo pasa. Y ya veréis como sólo ocurren cosas buenas.

Hasta la próxima entrada.